Misión de Cuba

La misión mercedaria en Cuba responde a uno de los retos carismáticos que el último Capítulo General de la Orden, celebrado en mayo de 2010, planteaba: ir allá donde la libertad de los hijos de Dios esté amenazada. Las condiciones sociales y políticas de la Isla Caribeña forman el contexto preciso para que los mercedarios ejerzamos nuestro trabajo redentor.

Movidos por este deseo de servicio en las periferias geográficas y existenciales, al que nos ha invitado el Papa Francisco, e invitados por el arzobispo de Camagüey, Juan de la Caridad García,   el 23 de abril de 2013, los frailes mercedarios regresamos a Cuba, luego de varias décadas de ausencia y con un renovado ardor de servicio redentor.

Esta nueva misión compartida de toda la Orden es un reencuentro con las huellas mercedarias que quieren dejar de estar inertes y hacerse camino nuevo de solidaridad ahí donde la libertad y la fe de los hijos de Dios están amenazadas y constituye una obra carismática celebrativa en el marco del jubileo mercedario por los 800 años de existencia. El centro de operaciones de la misión mercedaria en Cuba se estableció en la antigua iglesia de la Merced de Camagüey, que data del siglo XVI, una joya de arquitectura colonial.

Los elegidos para el retorno de La Merced a Cuba fueron Fray Francisco Márquez Orozco y Fray Marcos Saavedra Delgado, mercedarios mexicanos, quienes llegaron el pasado 23 de abril a la ciudad de Camagüey. La nueva comunidad mercedaria fue puesta bajo el patrocinio de los 19 Beatos Mártires de Aragón.

El trabajo de la misión de Cuba es mucho; los dos religiosos mercedarios atienden la Iglesia de la Merced de Camagüey, junto con algunas aldeas cercanas, la cárcel de la ciudad y la dimensión de pastoral penitenciaria de la Conferencia de los Obispos de Cuba, lo cual resalta la labor carismática a favor de los cautivos de nuestro tiempo.

La presencia de los mercedarios en Camagüey ha abierto un nuevo camino de servicio en la ciudad y ya son varios los jóvenes que, atraídos por alegría y la generosidad mercedarias, han pedido conocer de cerca a la comunidad con vistas a una respuesta vocacional.

El reto es grande, pero la providencia de Dios es nuestro soporte, es él quien lleva adelante la obra y María de la Merced camina junto a nosotros y nos invita a no tener miedo y a ser dóciles a la llamada del Señor. Te invitamos a orar por esta misión mercedaria, por las frailes que la llevan adelante y para que muchos jóvenes cubanos sean valientes en la respuesta al Señor y hagan florecer esta semilla de libertad con la entrega de su vida.

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