Mensaje del Padre Provincial por el 4o Centenario de la Provincia

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Asunto: Celebración del IV Centenario de erección canónica

 de la Provincia Mercedaria Mexicana

Estimados Hermanos:

El gozo y la oportunidad que Dios nos brinda de iniciar la celebración jubilar del IV centenario de la erección canónica de nuestra Provincia Mercedaria Mexicana, nos unifica a toda la comunidad provincial para elevar alegres al Padre de misericordia y Dios de todo consuelo nuestro sentido agradecimiento por el regalo de Merced en el nuevo mundo, presencia que con el tiempo se consolidaría en nuestra comunidad provincial; asimismo, es una preciosa oportunidad para renovar nuestro compromiso con las situaciones de cautividad que reclaman nuestra presencia generosa, y nuestra razón de ser en tierras americanas.

Hace un año se justificaba la delimitación de fechas para marcar la duración de nuestra celebración provincial (cf. Prot. 5/2015), haciendo memoria de dos fechas relevantes: del 03 de junio de 1616 (fecha del Decreto Apostólico de erección) al 11 de julio de 1617 (ejecución del Decreto de erección).

Providencial coincidencia que celebremos el jubileo de nuestra Provincia en el contexto eclesial del jubileo de la misericordia. Doble gracia que Dios nos concede y que se tendría que traducir en una doble actitud por parte de nosotros: agradecimiento a Dios por los dones recibidos y renovada responsabilidad para apropiarlos y hacer que produzcan frutos abundantes (cf. Mt 25, 14-30). Aunado a ello, en el marco de la Orden celebramos el segundo año del triduo hacia los 800 años, dedicado a nuestra Madre Santísima de la Merced, presencia maternal que nos evoca nuestra razón de ser y existir en el mundo y en la iglesia. Por tanto, nuestra marcha existencial está marcada por tres instancias de gracia: la eclesial (jubileo de la misericordia), la de la Orden (año de nuestra Madre Santísima de la Merced), y la Provincial (IV Centenario de erección canónica). Son tres realidades intrínsecamente unidas, que convergen en la manifestación del amor y la misericordia de Dios, y que exige ser traducida por nosotros en obras de amor y misericordia hacia los hijos de Dios que se hallan en peligro y ansiedad.

En la historia de la salvación el jubileo es tiempo de gracia, de renovación, de perdonar ofensas y dejarse sanar por la misericordia divina que reconcilia para reanimar la fraternidad, purificar los sentidos para cumplir mejor la voluntad de Dios y revitalizar compromisos adquiridos (cf. Lev 25, 8-66). El jubileo es el tiempo propicio para un encuentro más intenso con Dios y su misericordia, en palabras del Papa Francisco: es tiempo de mayor vigilancia, perseverancia en la oración, del cultivo de la vida interior; pues si Dios está presente en nuestras vidas, la alegría de llevar su evangelio será nuestra fuerza y nuestro gozo (cf. Mensaje del Papa Francisco a Capítulo General 2016).

Desde una perspectiva teológica, la historia está en dinamismo constante, parte del acto libre y gratuito de Dios, que quiere crear y entrar en el tiempo. Muchas veces y de muchos modos habla Dios en la historia, pero el momento culminante e irrepetible ha sido en la encarnación de su Hijo (cf. Heb 1,1-4). La historia universal desde la óptica cristiana es historia de salvación, la historia es el escenario natural en el que Dios se revela de manera permanente, por ello, la historia se convierte en manifestación y lugar de autopresentación de Dios y en la que el hombre es interpelado. De tal modo que, las intervenciones de Dios se hacen memoria e historia, que el pueblo vive y celebra (cf. Dt 4,9-10; 11,18-21). El hecho de hablar de Dios en la historia implica un Dios personal, interesado por el encuentro y felicidad de sus criaturas, deseoso de mantener amistad con los hombres.

Los 400 años de vida canónica de nuestra Provincia se enmarcan en esa historia de salvación, es parte y expresión de la historia de salvación. Remontarse al origen de la Orden de la Merced, en el umbral de sus 800 años, es reconocer que desde su génesis es obra de Dios y sigue siendo sostenida providencialmente por Dios. Asimismo, ya los antecedentes históricos de la constitución de nuestra Provincia son obra de la iniciativa y amor de Dios; e igualmente, la creación y erección canónica de la Provincia son expresión del amor de Dios que quiere hacerse presente una vez más en nuestra geografía, mediante los que integramos la Provincia quiere mostrar a la humanidad sufriente y cautiva su presencia amorosa y su misericordia.

Desde el descubrimiento de América, pasando por la creación canónica de la Provincia, y hasta nuestros días, aparecen testimonios de innumerables hermanos mercedarios que han entregado su vida a favor de la iglesia y los cautivos, vidas admirables que con su vida y su sangre manifestaron su amor a Cristo y a su iglesia, miembros ilustres por su santidad engalanan a la Orden mercedaria. Pero el Papa Francisco nos exhorta a que “este recuerdo no debe limitarse a una exposición del pasado, sino que ha de ser un acto sereno y consciente que nos permita evaluar nuestros logros, sin olvidar nuestros límites y, sobre todo, afrontar los desafíos que la humanidad nos plantea… La verdadera vida de la Orden ha de buscarse en el constante esfuerzo por adecuarse y renovarse, a fin de poder dar una respuesta generosa a las necesidades reales del mundo y de la iglesia, siendo fieles al patrimonio perenne del que somos depositarios” (Mensaje del Papa Francisco a Capítulo General 2016).

Dios en su infinita bondad, concede que nuestra generación tenga la oportunidad de celebrar el IV Centenario de la vida canónica de la Provincia, como un eslabón en el espacio y el tiempo de la historia de Merced, pero les invito a trascender el dato histórico, y tomar la oportunidad del “año de gracia” que Dios otorga a cada uno de los religiosos que formamos la Provincia en el presente, para renovarla e impulsarla aún más hacia el encuentro más cercano con Dios y hacia el vasto campo de los cautivos de nuestro tiempo.

Todos estamos convencidos que la renovación y mejor proyección de nuestra Provincia pasa necesariamente por la conversión y revitalización de nuestra consagración personal. Hagamos, en primer lugar, la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas, reconozcamos ante Él que somos los primeros cautivos por nuestros pecados, por el relajamiento de nuestra vida consagrada, por anteponer nuestros criterios e intereses al plan de Dios, y por todo aquello que en conciencia sabemos hemos traicionado nuestra consagración mercedaria. El Jubileo es tiempo propicio para la reconciliación con Dios, para la docilidad a su gracia sanante que renueva y fortalece los corazones; y ya libres de ataduras, nos concede la oportunidad de ser testigos de los caminos de liberación.

Dado el primer paso, el de la conversión personal, podremos avanzar al segundo, el de renovar y proyectar nuestra Provincia hacia nuevos horizontes de misión redentora. Creo que todos deseamos y soñamos con una mejor realidad, y estamos en la coyuntura histórica para lograrlo, es cierto que cada instante es una oportunidad para ser mejores, pero no es menos cierto que un aniversario como el nuestro nos brinda la oportunidad de reconstruir el camino, transformar la realidad, replantar los objetivos, acudir al ideal de nuestro Padre san Pedro Nolasco y confrontarlo con nuestros planes presentes. En fin, es tiempo de que reconciliados con Dios, también nos reconciliemos con los hermanos de consagración y nos acerquemos con mayor fidelidad a los destinatarios de nuestro carisma fundacional, que siempre están clamando y esperando libertad. El proceso de conversión pastoral nos tiene que ir sacando de nuestras zonas de confort para llevarnos a ser más fieles con nuestro espíritu y carisma, a ser iglesia en salida, trabajando en las periferias existenciales y en las fronteras de la cautivad y la opresión.

Un dicho popular dice: “Roma no se hizo en un día”, la Provincia que soñamos tampoco se construirá en un día, de hecho, ya lleva más de 400 años de camino; valoremos y aprendamos del pasado, ahora caminemos unidos los retos del presente, que sean punto firme para forjar un mejor futuro. Nuestra historia no es simplemente algo que ha sucedido, sino algo que continua sucediendo, evolucionando y progresando. Una frase ciceroniana dice: la historia es maestra de la vida; por ello, desde la raíz de nuestros orígenes y antepasados revaloremos la historia que estamos escribiendo, y pidamos juntos a Dios, que por intercesión de nuestra Madre Santísima de la Merced, nos permita a todos seguir creando nuevas páginas en la historia de nuestra Provincia, escritas con tinta de calidad: la del amor fraterno, comprometido, misericordioso y generoso.

El marco del IV Centenario de vida de nuestra Provincia nos recuerda que si la historia es una continuidad viviente en la que el hoy nace del ayer y florece en el mañana, entonces tendremos que comprometernos como protagonistas del presente, dejando huella y rastro en la Provincia del mañana. Es un imperativo la pastoral vocacional y el trabajo formativo para cimentar el futuro que anhelamos, asumamos éstas tareas como cruciales y prioritarias para la vida de nuestra Provincia.

Encomendamos a la intercesión de nuestra Madre Santísima el año jubilar de nuestra Provincia, para que dóciles como san Pedro Nolasco a las mociones que el Espíritu nos trasmite mediante Ella, podamos ser testigos eficaces de su misericordia y resplandezca en nuestras obras.

Fraternalmente

Fr. Jesús Luja Pérez, O. de M.

Superior Provincial

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