Nolasco: el santo de la misericordia

En el Año Santo de la Misericordia, en la fiesta de san Pedro Nolasco, el gran santo de la misericordia, les compartimos esta reflexión del teólogo Alessandro Pronzato.

Su oficio: la misericordia

Lo que ha practicado Pedro Nolasco es una obra de «misericordia corporal». Estamos en el campo del amor. O, si se prefiere, en la «religión pura y sin mancha» agradable a Dios más que todos los sacrificios cultuales. Es un aspecto de servicio prestado al prójimo. Forma parte de la ley fundamental de Cristo y representa una de las manifestaciones más evidentes. Ser cautivos, a merced de un amo despótico, significa entre otras cosas «esperar a alguien». Como en el caso del paralítico tendido a la orilla de la piscina de Bezatá (Jn 5). Llevaba allí treinta y ocho años y esperaba… Expresa su dolor más profundo a uno que se interesa por él: «Señor, no tengo a nadie…». Así pues, la característica peculiar del mercedario es la misericordia. Como su fundador, y como el modelo supremo, Cristo mismo, el mercedario debe ser «rico en misericordia». La única riqueza compatible con su pobreza. La misericordia se ha definido como consagración de todo un ser al sufrimiento ajeno, Un ponerse a disposición para que el hambriento encuentre algo que comer, el desnudo un vestido, el cautivo la libertad, quien está sin casa un hermano que lo acoja, el enfermo la asistencia, quien está en agonía la última ayuda. Observando la vida de Pedro Nolasco, siguiendo su actividad, descubrimos en ellas la ilustración más convincente del hombre misericordioso en sentido evangélico. Algo de delicado y viril al mismo tiempo. Débil y firme. Dulce y fuerte. Pedro Cijar lo definirá así: «Hombre de Dios justo y piadoso». Pero su personalidad cristiana resultaría incompleta si no abarcase al mismo tiempo los rasgos de la compasión y de la misericordia. En realidad, la misericordia ha sido su grande, su insuperable especialización. La misericordia ha sido su oficio más sublime. «Practicar la misericordia es ofrecer sacrificios de alabanza» (Eclo 35, 2). Pedro Nolasco, laico, no ha hecho otra cosa durante toda su vida que celebrar una estupenda, variada, liturgia de la misericordia. Siguiendo un cañamazo evangélico, pero inventando cada vez las acotaciones. Su culto, agradable a Dios, no era más que ese. Podría exhortar a sus hermanos con las mismas palabras de Pablo: «Revestíos, como elegidos de Dios, de entrañas de misericordia» (Col 3, 12). La misericordia, o sea, la divisa que hace reconocible, a primera vista, la orden de la… Misericordia. (1)

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(1) PRONZATO, Alessandro, Un mercader de libertad: Pedro Nolasco, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1988, págs. 111-116.

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