Saludo del Padre Provincial al inicio del Año Jubilar Mercedario

Prot.67/2017

Asunto: Inicio del Jubileo de los 800 años de la Orden

en la Provincia Mercedaria Mexicana

Estimados Religiosos y Religiosas, Familia Mercedaria:

Con inmensa alegría y corazón agradecido, acudimos como cada año, convocados como familia mercedaria, a la casa Mariana por excelencia en México, peregrinamos recorriendo distintas distancias de la geografía provincial, con el corazón emocionado sabiendo que vamos al encuentro de la Madre que protege amorosa y auxilia solícita a sus amados hijos. Hoy, al  encontrarnos en la Basílica de Guadalupe, de la ciudad de México, con la presencia de una buena parte de nuestra familia mercedaria, integrada por los religiosos y religiosas, fraternidades laicales y feligreses de nuestras comunidades mercedarias, inauguramos en nuestra Provincia Mercedaria Mexicana, el Jubileo de la Orden de la Merced, al celebrar 800 años de existencia en la historia de nuestra Iglesia y del mundo.

 

La celebración del Jubileo Mercedario, nos llena de inmensa alegría, pues es un tiempo particular de gracia y misericordia para toda nuestra familia mercedaria. La inauguración del año Jubilar a nivel de la Orden será Dios mediante el 17 de enero de 2018 en la Basílica de San Pedro, en la ciudad de Roma. En torno a la solemnidad de nuestra Madre Santísima de la Merced, en septiembre de 2018, se tendrá la oportunidad de celebrar su fiesta y un Congreso Mercedario en la ciudad de Barcelona, España, lugar donde nació nuestra Orden. Y la clausura del Jubileo en la ciudad de Lima, Perú, el 17 de enero de 2019.

Para hacer accesible y participativa la celebración jubilar a toda la familia mercedaria y fieles en general, se han organizado también celebraciones y eventos jubilares a nivel provincial, vicarial, zonal y local. Por ello, invito a Vicarios, Delegados y Superiores de comunidades locales, hagan visibles sus programaciones jubilares para que todos podamos disfrutar y aprovechar al máximo el año de gracia, el año jubilar de la Orden de la Merced.

En la historia de la salvación el Jubileo es tiempo de gracia, de renovación, de perdonar ofensas y dejarse sanar por la misericordia divina, que reconcilia para reanimar la vocación, refresca la consagración a Dios, reaviva la fraternidad, purifica los sentidos para cumplir mejor la voluntad de Dios, refrendando los compromisos adquiridos (cf. Lev 25, 8-66).

El Jubileo es tiempo propicio para un encuentro más intenso con Dios y su misericordia; en palabras del Papa Francisco: es tiempo de mayor vigilancia, perseverancia en la oración, del cultivo de la vida interior; pues si Dios está presente en nuestras vidas, la alegría de llevar su evangelio será nuestra fuerza y nuestro gozo (Mensaje del Papa Francisco a Capítulo General, Roma 2016).

Para vivir adecuadamente el Jubileo, la Comisión general preparatoria, propuso un triduo pre-jubilar, que además de irnos disponiendo espiritualmente, nos permitía contemplar y asimilar los grandes ejes de nuestra espiritualidad mercedaria. De tal modo que en el año 2015 se nos propuso considerar la vida y obra de nuestro Padre y Fundador, San Pedro Nolasco. Para el año 2016 se nos presentaba a nuestra Madre Santísima de la Merced, inspiradora de nuestra Orden. Y finalmente, en el año 2017, que estamos por terminar, a Cristo Redentor. Un itinerario tripartito que integra y comprende en sus rasgos generales la identidad de la Orden de la Merced. Un material fabuloso que ojalá sigamos utilizando para alimentar nuestro sentido de pertenencia a la familia mercedaria.

Invito a que el presente año Jubilar tenga las siguientes características:

  1. Agradecer a Dios: En primer lugar, elevar nuestra alabanza agradecida a la Santísima Trinidad, por las innumerables gracias y bendiciones otorgadas a nuestra familia mercedaria a lo largo de 800 años de existencia, y por las gracias que a través de la Orden, como canal de su misericordia divina, concede a sus hijos en riesgo de perder la fe. No nos cansemos de alabar agradecidos al Autor de todos los dones y beneficios que recibimos como familia mercedaria.
  2. Celebrar a Cristo Redentor, que nos ha mostrado el inmenso amor que nos tiene, al ofrecer su vida para redimirnos de la esclavitud del pecado y de la muerte, porque nos hace partícipes, como familia mercedaria, de prolongar en el espacio y el tiempo, su misión redentora, nos impulsa con su gracia a visitar y redimir a los cristianos cautivos, haciéndonos instrumentos de su Redención. Celebremos que Cristo nos revela el rostro misericordioso del Padre, porque el amor de Dios se ha hecho visible y tangible en la vida y obra de Jesús, amor que redime y amor que libera, amor que invita a vivir misericordia. La misericordia es la viga maestra que sostiene la Orden de la Merced.
  3. Honrar a María, nuestra Madre Santísima de la Merced, por inspirar y asistir permanentemente la obra de Merced que se realiza en muchas partes del mundo, por guiarnos hacia donde se encuentran nuestros hermanos que se hallan en peligro y ansiedad, por sensibilizar nuestro corazón y seamos fieles administradores de los tesoros de la Redención de su Hijo a favor de los cautivos y oprimidos. En realidad, no se entiende nuestra Orden Religiosa sin María de la Merced, y por ello, nuestra familia lleva su nombre, porta su hábito y escapulario, es nuestra Santísima Madre, que siempre intercede amorosa por nosotros.
  4. Venerar a nuestro Fundador, San Pedro Nolasco, el hombre de los sentidos abiertos para la escucha de la voluntad de Dios, el hombre de buena relación y comunicación con Dios, que sabe ver a Dios no sólo en la oración, sino en los rostros sufrientes de seres humanos que no se les reconoce su dignidad de personas y de hijos de Dios. El hombre que demuestra su amor a María comprometiéndose en la causa de sus hijos oprimidos. El hombre capaz de ver el rostro de Cristo en la humanidad esclavizada y cautiva clamando ser liberada y reconocida. El hombre de acción decidido a entregar generosamente la vida, a imitación de Cristo, por los cristianos cautivos. El hombre que a través de sus gestos de misericordia transforma rostros e historias de dolor y sufrimiento en experiencias de liberación y gratitud a Dios. El hombre que hace 800 años, inspirado por la Virgen María, inició una familia religiosa, hace realidad aquel “mito del panal” de su infancia, pues en sus manos la riqueza y los bienes divinos se convierten en miel y dulzura derramada para los pobres y cautivos.
  5. Festejar en comunión con todos los santos y santas de la Orden, celebrar que la vivencia fiel y auténtica de la espiritualidad y carisma mercedarios son caminos seguros de santidad y comunión con Dios. Celebrar la vocación a la santidad en los diferentes servicios y ministerios que se viven diariamente en la familia mercedaria, y que vividos con fidelidad y alegría nos encaminan como comunidad mercedaria al encuentro de los bienaventurados, y participar del banquete eterno. Ser conscientes que el camino de santidad radica en el llamado que Cristo nos hace a ser misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso (cf. Lc 6,36), de modo que no vivir en la dimensión de la misericordia es traicionar la propia identidad mercedaria. La misericordia es el programa de vida del todo mercedario, un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz.
  6. Disfrutar la fraternidad, celebrar y gozar como familia mercedaria del VIII centenario de existencia, valorar al hermano y hermana que caminan diariamente a nuestro lado con la misma vocación mercedaria, buscando entre alegrías y preocupaciones dar respuesta al llamado de Dios. Imploremos la misericordia divina para que nos permita vencer nuestras deficiencias humanas, que nos permita eliminar divisiones, prejuicios, egoísmos, celos, y todo lo que pone en riesgo la fraternidad, que podamos pasar de la forma de vida en común a la gracia de la fraternidad, que reconciliados podamos testimoniar comunitariamente el ideal mercedario, siendo así, fuente de atracción para muchas nuevas vocaciones en la diversidad de servicios y ministerios que genera nuestro carisma mercedario.
  7. Servir con mayor generosidad a nuestros hermanos cautivos. El Jubileo es una preciosa oportunidad para revalorar los alcances de nuestra espiritualidad y carisma mercedario, la riqueza de una pastoral liberadora que en muchas ocasiones y por diversos motivos la reducimos a su mínima expresión. Donde exista presencia mercedaria se implementen acciones pastorales liberadoras ante el amplio horizonte de la misión redentora, es tiempo propicio de realizar también una conversión pastoral, que nos conduzca a activar y mantener obras de caridad, obras de misericordia constantes y graduales, que más allá de gestos aislados, sean procesos permanentes de merced y misión redentora constante ante la diversidad de cautividades y opresiones de nuestro tiempo.
  8. Ganar la Indulgencia Plenaria durante el año Jubilar. El Papa Francisco ha concedido a nuestra Orden Mercedaria la gracia de ganar durante el año jubilar indulgencias en los templos y parroquias mercedarias, cumpliendo los debidos requisitos y siguiendo algunas indicaciones de la Penitenciaria Apostólica (cf. Prot. 68/2017). El Jubileo como año de gracia, es tiempo de reconciliación, Dios renueva nuestras vidas mediante el Misterio Pascual de Cristo. Mientras percibimos la potencia de la gracia que nos transforma, experimentamos también la fuerza del pecado que nos condiciona; no obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados tienen en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. Pero la misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto, ella se transforma en indulgencia del Padre que, a través de la iglesia, alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad y crecer en el amor. Aprovechemos pues al máximo el año de gracia mediante la ganancia de indulgencias, aplicándolas para vivos y difuntos.

En fin, son muchos los aspectos que podríamos considerar para vivir de forma adecuada un Jubileo. Los 800 años de vida de la Orden de la Merced, se enmarcan en la historia de la salvación, es parte y expresión de la historia de la salvación. Remontarse al origen de nuestra Orden es reconocer que desde su génesis es obra de Dios y sigue sostenida providencialmente por Dios y asistida por el amor maternal de María de la Merced.

Dios en su infinita bondad, nos concede a nosotros la oportunidad de celebrar el Jubileo de los 800 años, como un eslabón en el espacio y el tiempo de la historia de Merced. Mirar con gratitud los ocho siglos de historia tejida entre luces y sombras, con santos y pecadores, con redentores y cautivos. Pero además de la mirada retrospectiva, de alegrarnos por las muchas páginas de historia mercedaria, de tener un pasado glorioso, debemos trascender el dato histórico para situarnos en nuestro presente y vivirlo con pasión, responsabilidad y generosidad, para renovarlo y transformar aquello que sea necesario. El Papa Francisco nos dijo en audiencia que “es bueno recordar, que nos hace bien recordar” esos ocho siglos de historia de la Merced, pero ahora el gran reto es adecuarnos con fuerza profética a los nuevos tiempos y nuevas cautividades, ser audaces como san Pedro Nolasco para desafiar obstáculos y dificultades para seguir anunciando el evangelio de libertad en las periferias existenciales y periferias de pensamiento.

Una frase ciceroniana dice: la historia es maestra de la vida; por ello, desde la raíz de nuestros orígenes y antepasados revaloremos la historia que hoy estamos escribiendo, y pidamos juntos a Dios que por intercesión de nuestra Madre Santísima de la Merced, nos permita a todos seguir creando nuevas páginas en la historia de nuestra amada Orden de la Merced, páginas nuevas escritas con tinta de calidad: con la tinta de la consagración fiel, del amor fraterno, de trabajo comprometido e incondicional por los cautivos, en fin, la de una vida que alegremente es testimonio del amor de Dios.

Como signo de la presencia de nuestra Madre Santísima en nuestra vida y apostolados, de Aquella que inspiró la obra de Merced y sigue siendo fuente inspiradora en el ser y quehacer de la familia mercedaria, se bendecirá una imagen peregrina que estará visitando las comunidades locales de la Provincia, según el itinerario propuesto por la Comisión organizadora del Jubileo en nuestra Provincia. Su presencia en cada comunidad sea estímulo para renovar nuestro amor y compromiso a la obra de Merced que Ella inició hace 800 años. Así mismo, se encenderá una lámpara votiva para cada comunidad, como signo de que nuestra consagración mercedaria, y que los diversos servicios y ministerios que brotan de nuestro carisma y espiritualidad, vienen de Cristo Redentor, la luz del mundo. La lámpara nos recuerde que como miembros de la familia mercedaria, todos tenemos el deber de reflejar la luz redentora de Cristo, que ilumine a todos aquellos que se encuentren en la oscuridad de la cautividad y del pecado. Que podamos ser centinelas que mantienen vivo en el mundo el deseo de Dios y lo despiertan en el corazón de tantas personas con sed de amor y libertad.

Ponemos además en el altar de Dios y en la presencia de nuestra Madre Santísima los desafíos, proyectos e iniciativas de la Orden de la Merced. De modo especial la Campaña Redentora TLAMAQUI que animó nuestra Provincia y que hoy llega a su fin (en el momento del ofertorio de esta celebración se hará el signo del cierre de ésta campaña). Tlamaqui, casas de libertad, albergues para ex-internos, es el proyecto de nuestra Provincia para construir y hacer funcionar albergues para ex-internos, lugares donde se les siga ofreciendo un acompañamiento integral a hermanos que después de la experiencia en los reclusorios necesitan sanar heridas de la vida y obtener las herramientas idóneas que les permitan insertarse nuevamente en la sociedad como personas libres y plenas. Agradezco a todos los que trabajaron y colaboraron en la campaña Tlamaqui, Dios recompense su generosidad con abundantes bendiciones.

Que el año Jubilar, sea año de gracia para nuestra Orden Mercedaria, marque nuestra vida personal y comunitaria, dejemos que el Espíritu Santo nos empuje a tomar caminos más evangélicos, no pongamos resistencia al Espíritu Santo, la gracia del Jubileo se traduce en mayor docilidad al Espíritu, ese Espíritu que viene a nosotros y nos hace ir adelante por la vía de la santidad. El Señor está vivo y obra en nuestra historia, nos llama como familia mercedaria a colaborar en su obra redentora, nos invita al discernimiento unánime, en los nuevos tiempos de profecía al servicio de la iglesia, en vistas al Reino que llega.

Vistámonos nuevamente con las armas de la luz, de la libertad, de la fuerza del evangelio para escrutar el horizonte, reconocer los signos de Dios y obedecerlos, con opciones evangélicas atrevidas, al estilo del primer mercedario, nuestro Padre, San Pedro Nolasco, que siempre nos invita a actuar (no ser espectadores), a ser iglesia en salida, siguiendo una lógica de libertad.

Declaro inaugurado en la Provincia Mercedaria Mexicana el Jubileo de los 800 años de la Orden de la Merced, encomendando a toda la familia mercedaria a la intercesión de la Virgen María de la Merced, para que dóciles como nuestro Padre y Fundador, san Pedro Nolasco, a las mociones del Espíritu Santo, podamos ser testigos fieles de su misericordia y resplandezca en nuestras obras.

¡MUCHAS FELICIDADES A TODA LA FAMILIA MERCEDARIA,

QUE TODOS TENGAMOS UN FELIZ AÑO JUBILAR !

Dado en la peregrinación anual a la Basílica de Guadalupe, en la ciudad de México, el 14 de diciembre del 2017; año de Cristo Redentor y a 799 años de la fundación de la Orden.

Fraternalmente

Fr. Jesús Luja Pérez, O. de M.

Superior Provincial

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